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Santana y la noche
californiana

Mas de
tres décadas en acción en un escenario. Un autentico dinosaurio haciendo
cantar una guitarra en la noche de California. La magia del artista
hispano generó en un mismo lugar el encuentro de generaciones y razas.
Por
Charly Pérez
San
José, California. Muchos años han pasado desde el comienzo de este
músico, que ha sabido tras los años encender la chispa de muchos corazones
para convertirla en una autentica fogata de fidelidad.
Santana
saltó a la fama luego de su disco “Supernatural”, aunque hacía muchos años
que hacía discos de gran creatividad pero que no le permitían llegar a un
gran mercado musical.
Dos
presentaciones en el área de la bahía de San Francisco, una en la ciudad
de Concord, y otra en la ciudad de San José, conformaron su gira por esta
región.
Acudimos
a su encuentro en San José, en una noche otoñal el pasado sábado 5 de
octubre, pensando en un artista que nunca habíamos podido disfrutar hasta
el momento.
El
Shoreline Amphiteatre estaba a full, seguidores del músico de los años 70
estaban encendidos en sus caras. Sus motos estaban por doquier, mientras
miles de personas de varias edades se fusionaron en un solo lugar para
escuchar como cantaba la guitarra de Carlos Santana.
La magia
del artista hispano generó en un mismo lugar el encuentro de generaciones
y razas.
Comenzó
la música a la hora señalada, 8:30 PM, con el grupo soporte Ozomati, que
nos deleito con cuarenta minutos de mucha instrumentación. Una gran
cantidad de fusión de instrumentos, que de alguna manera quedaban acordes
para hacer de aperitivo a Carlos Santana.
Luego de
un breve intervalo donde no podía faltar una cerveza, y una charla con
gente que asistía a este concierto, surgió la guitarra característica del
músico mexicano.
Las luces
se apagaron, y la guitarra se encendió en plena noche otoñal. La piel
adquirió una sensación especial. La piel, el corazón y el alma sabían que
era la oportunidad de ver a una leyenda viviente del rock, y también a uno
de nuestros músicos hispanos en plena acción.
Sus
primeros temas en el escenario conforman sus recientes trabajos. Durante
mas de una hora su repertorio estuvo dedicado a música contemporánea. Los
temas en su mayoría interpretados por un nativo de Nueva York, llamado
Tony Lindsay. Un afro americano de voz privilegiada que le dio su buen
toque de Nueva York a la música del maestro Santana.
Otro de
los vocales para las canciones fue Andy Vargas, un compositor y cantante
que trabajo por un tiempo en el estilo mariachi, y que se integró hace
unos años a la banda de Santana.
La
mayoría de su repertorio en esa primera hora fue en inglés para el deleite
de una gran cantidad de estadounidenses. Por mi parte me quede un poco
sorprendido que su actuación en las dos primeras horas fuera casi toda en
inglés. Quería escuchar su voz hispana, cantando temas en español, y no en
inglés. Pero me substraje a escuchar los tonos mágicos de sus compañeras
de toda la vida, las guitarras. Mientras tanto, estadounidenses muchos de
ellos seguramente salidos de los 70, todavía con resabios de esa época,
cantaron y bailaron en un gran espacio abierto del lugar. Enseguida
conforme una imagen de los 60 o 70 cuando Santana le cantaba a tanta gente
en lugares abiertos. Su música sigue teniendo el olor y sonido de aquellos
años de “amor y paz”.
Carlos
Santana sigue tocando la guitarra con gran maestría demostrando porque el
mundo musical lo sigue considerando uno de los mejores guitarristas del
mundo. Cuando uno escucha sus dedos en una de sus tantas guitarras ya sea
en escenario o en presentación en vivo, puede cerrar los ojos y saber que
él esta tocando. Una personalidad musical muy marcada que sigue
conservando en forma intacta, a pesar de que el mercado lo arrastro hacía
sus últimos trabajos un poco diferentes a los de otrora.
Cada
tanto su encanto desaparecía del escenario. Tomaba recesos para dejar a
sus compañeros de banda en espectaculares solos. Los aplausos, gritos y
silbidos, fueron para los solos de percusión y batería que arrancaron la
euforia del público.
Cuando
uno observa a esos músicos haciendo resbalar sus aptitudes por el
escenario, llega enseguida la imagen de la calidad que bordea a Santana.
No sólo son músicos, artistas en pleno arte de encanto, sino que también
mezclan en sus presentaciones, la fusión de la música africana y latina.
Eso se siente en cada uno de sus solos, y también cuando toda la banda
suena al mismo tiempo.
Luego de
dos horas y una breve salida del escenario para que la gente solicitara su
“bis”, comenzaron a salir por el aire los clásicos de Santana. El primero
fue "Black Magic Woman”, y así salieron uno por uno, mientras que la gente
saltaba, bailaba, cantaba, y encendía sus encendedores. Pequeñas luces se
agitaban con el viento en el medio de un lugar donde la inspiración cubría
generaciones.
El remate
del concierto a pleno clásicos, le dio un toque especial a la noche de un
gran dinosaurio musical, de un gran artista.
Sobre
Carlos mis respetos por su constancia, su creatividad, por su acompañar a
tantos y en tantos momentos. Por regalar arte y humanidad en sus canciones.
Vive a
unas pocas millas de mi casa, y me da muchas ganas de ir y darle un abrazo
y decirle, “gracias”.

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