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En lo que va del año salieron a la venta aproximadamente 20 discos de artistas uruguayos. Teniendo en cuenta el tamaño del mercado local se trata de un verdadero fenómeno discográfico. Más destaque merece el hecho de que varias de estas ediciones se encuentran entre las más vendidas en disquerías, fundamentalmente las grabaciones de rock, género que está viviendo su mejor momento desde el boom de la década de 1980. Una posible explicación de esta preferencia del consumidor por grabaciones uruguayas se encuentra en los altos precios de los discos extranjeros. Los CD de artistas como Maná, Red Hot Chilli Pepers o Bruce Springsteen –por nombrar algunos de los más populares– siguen costando en dólares. Para el Uruguay de estos días cualquier producto que se venda en dólares es considerado un objeto de lujo. La diferencia entre los precios de los discos importados y los uruguayos es significativa. Un disco nacional cuesta $ 290, en tanto un disco importado oscila entre US$ 12 y US$ 15. De alguna manera esta diferencia, que cada vez se hace mayor por la cotización en aumento de la moneda extranjera, ha estimulado el lanzamiento de discos de artistas uruguayos, aunque es justo señalar que las ediciones más recientes estaban previstas desde antes que estallara la crisis económica.
Otros factores. Alberto García, director de Koala Records, quien este año editó el álbum Caída libre de La Trampa y que en las próximas semanas publicará los nuevos trabajos de Elefante y Trotsky Vengarán, considera que la diferencia de precios entre los CD nacionales y extranjeros ayuda a que la competencia se vuelque a favor de los locales.
El bolsillo de los consumidores no es el único factor que favorece la elección de artistas uruguayos. En los dos últimos años las radios musicales más influyentes cambiaron su antigua política de no difundir músicos locales para jugarse abiertamente a su promoción. Es decir, una de las cosas buenas de la crisis. El año pasado las emisoras de frecuencia modulada fueron, en gran parte, responsables del furor de las bandas de cumbia. Este año les tocó a los grupos de rock. Agrupaciones como La Vela Puerca, Sordromo, No te va gustar, Monalisa y Snake, entre otras, alternan sus canciones en la programación de las radios, incluso con mayor frecuencia que cualquier artista extranjero. “Esto se debe a que hay un público que desea escuchar artistas uruguayos”, reflexiona el principal de Koala Records, empresa fundada en el año 1998 con el disco En la profunda noche, de Traidores. “Antes uno llevaba los discos a los programadores de las radios y no te daban grandes expectativas sobre su difusión. Ahora es todo lo contrario. Los músicos uruguayos han ganado respeto”.
Bizarro Records es el sello que más discos de rock editó este año. Cinco en total: Lo que hay de La Conjura, Del 2 al 70 de Cursi, Salvando la distancia de Sordromo, Once tiros de Parvadomus y Este fuerte viento que sopla de No te va gustar. “Los discos son una caja de sorpresas, pero por suerte todos los que editamos están vendiendo muy bien”, afirma Andrés Sanabria del sello Bizarro, empresa que surgió en el año 2000 con la edición de Buitres 10 año Vol. I, de Los Buitres. De esa fecha al presente Bizarro –un emprendimiento empresarial entre Sanabria, Palacio de la Música y
CD Warehouse– publicó 15 discos de músicos uruguayos. Sanabria, quien está en el negocio de la música desde hace 20 años, podría definirse –además de productor discográfico– como un descubridor de talentos. Fue quien llevó por primera vez a un estudio de grabación a grupos como La Vela Puerca y No te va gustar. También fue el responsable de hacer grabar a Chocolate cuando recién comenzaba la movida latina. “Si bien en el Uruguay de 2002 es poco viable, no pierdo las esperanzas de un día poder vender 20 mil copias de un disco de Bizarro”, afirma el visionario productor.
Federico Marinari de Obligado Récords –sello que acaba de ganar el Premio Pegaso de Agadu por ser la empresa de mayor producción nacional durante el año 2001– cree que las ventas podrían mejorar si el Estado eliminara el IVA a los discos uruguayos. De esta forma su costo sería muy inferior respecto a los extranjeros. “Hace dos años elevamos una carta al Ministerio de Cultura pidiendo que hiciera algo al respecto, pero no tuvimos respuesta. Sería un diferencial importante respecto a los discos extranjeros. Por otra parte, si los libros no aportan IVA por qué sí lo hacen los discos. Tanto el libro como el disco son cultura”.
La movida roquera. García, del sello Koala, cree que la buena recepción a nivel comercial que tienen los grupos de rock nacionales se debe a que hay un abanico amplio de propuestas, a diferencia de lo que sucedió con el movimiento de rock de la década de 1980, donde todas las bandas desarrollaban un mismo estilo. Dice: “Ahora si un joven quiere escuchar música electrónica tiene un grupo como Elefante, si quiere pop tiene a Sordromo, y si le gusta el rock latino tiene a No te va gustar. Hay un vasto espectro musical”.
Por encima de cualquier consideración artística, las grabaciones –a diferencia del pasado– suenan bien y los CD llegan con una impecable presentación. En este sentido García es contundente: “Un músico puede tener una canción muy buena, pero si no está bien producida, bien grabada y editada con una presentación atractiva, el mensaje no llega”.
Marinari, de Obligado –empresa que este año editó los discos de los grupos Jurisdicción Nacional y Monalisa– cree que se ha generado una “movida roquera” que impulsó a la creación de nuevos sellos discográficos. “Esto pasa porque en este momento hay una necesidad en la gente joven –que es la que compra discos– de escuchar rock. Es una música que despliega una energía particular y sus letras dicen las cosas a nivel social que los jóvenes quieren escuchar. No se trata de que la gente esté buscando medidas de lucha en las canciones, pero está necesitando que le digan cosas. Ya no camina más eso de: ‘La vi parada en la esquina y me enamoré´, los jóvenes necesitan que le toquen las fibras más íntimas y eso lo encuentran hoy en la poética roquera”.
Presente y futuro. Más allá del boom discográfico de los sellos independientes, estas empresas todavía no han terminado de cerrar el círculo para que su labor se transforme en un negocio redondo. De todas formas, los sellos independientes obtuvieron ventas satisfactorias que les permiten reinvertir lo ganado en nuevas producciones. En algunos casos, esos beneficios concedieron la posibilidad de crear una estructura empresarial con áreas de ventas y de promoción. “Esto es un trabajo a largo plazo. Primero se forma un catálogo y luego se recogen los frutos”, sentencia Sanabria.
Por su parte, las
multinacionales se han replegado y casi no trabajan el mercado uruguayo.
La difusión que hacen de artistas extranjeros es mínima y respecto a los
artistas locales, salvo La Vela Puerca –que editó con el sello Universal–
ninguno de los grupos activos son producidos por empresas extranjeras. ¿Es
posible para los sellos independientes traspasar fronteras con los músicos
de sus respectivos catálogos? “Estamos buscando la forma de lograr vender
las licencias de nuestros discos en el extranjero”, informa Sanabria.
“Para ello hay que ir con buenos contactos una semana a México, Chile o
España, dejar el material y esperar que guste. Pero primero el artista
debe tener una buena repercusión en Uruguay”.
Fuente: Diario el Observador
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